La Nación, 14 de noviembre de 2015.
Las mujeres sólo protagonizan el 20% de las noticias, en medios impresos y en línea. El porcentaje llega al 50% sólo en noticias de celebridades. Según un reciente análisis publicado por la American Sociological Review, el desequilibrio informativo es más claro cuando se habla de políticos, directivos, portavoces y expertos; más aún en las secciones de economía y deportes. ¿Por qué ese desequilibrio si somos 50% de la población?
La cobertura de los medios refleja la gran disparidad de género en las instituciones de interés informativo y que son fuentes expertas. Según la OIT, solo 5% de directores ejecutivos de las mayores corporaciones mundiales son mujeres. En la política global, según la ONU sólo 7.8% de los jefes de gobierno son mujeres y sólo 14.8% presiden el parlamento; las legisladoras son apenas 22% del total. En América Latina la situación es parecida. Sólo hay 5 jefas de gobierno, el mayor número histórico en el más alto cargo de elección, pero es menos de 20% del total de gobernantes del subcontinente. Solo tienen 20% de los escaños legislativos y 23% de los ministerios. En gobiernos locales ocupan 11% de las alcaldías y 22% de sillas en concejos municipales.
En varios países se han fijado cuotas para forzar determinado porcentaje femenino en los congresos. En Costa Rica, desde 1996 se deben postular mujeres en 40% de los cargos de elección; en el transcurso de 2 elecciones el porcentaje casi se duplicó, y en 2006 y 2010 fue de 38.6%. En 2014 la cuota legalmente exigida fue de 50%; sin embargo, el porcentaje de legisladoras electas bajó a 33%. En correspondencia, sólo 22% de la información noticiosa cubrió las candidaturas femeninas; esto porque 77% de las papeletas diputadiles fueron encabezadas por hombres.
Según la Unión Inter Parlamentaria (UIP) para tener impacto, además de ser ambiciosas, las cuotas deben incluir mecanismos de aplicación y sanciones. Los partidos deben poner a las mujeres en posiciones elegibles en las papeletas y se debe sancionar la falta de cumplimiento con medidas como multas económicas o pérdida de financiamiento estatal. Tras un recurso de la diputada Maureen Clarke, la Sala IV dispuso que a partir de 2018 se debe aplicar la “paridad horizontal”; es decir, además de alternar paritariamente las listas, habrá que encabezarlas con mujeres en 3 o 4 de las 7 provincias.
La disparidad nace en el seno de los partidos políticos. Las mujeres representan el 50% de la militancia partidaria, pero tienen solo 12% de sus presidencias y secretarías generales y 20% de los comités ejecutivos nacionales. Según la UIP los partidos deben ser equitativos en la presentación de candidaturas femeninas e invertir en capacitarlas adecuadamente, darles acceso a recursos necesarios, y promoverlas dentro de la estructura jerárquica interna para que incidan en decisiones clave sobre políticas y procedimientos partidarios.
Los sistemas de elección también hacen diferencia. En las cámaras que se eligen por sistemas proporcionales (CR) o mixtos (Alemania) las mujeres tienen 12% más posibilidades de ganar curules que en los sistemas mayoritarios (EUA). Aún a estas alturas del s.XXI mucha gente se pregunta qué importancia tiene que haya más mujeres en cargos públicos de decisión. Diversos estudios internacionales muestran que nuestras prioridades en términos de políticas públicas y asignación de recursos son diferentes a las de los hombres; hay mayor inversión en mejora de servicios esenciales y en el área social (salud, nutrición, educación, protección del medioambiente); aumenta la probabilidad de que los intereses de esa mitad de la población estén representados; se reducen estereotipos y prejuicios sobre nuestra eficacia en puestos de liderazgo, y se elevan las aspiraciones de otras mujeres, incluidas niñas y adolescentes.
Por otra parte, más participación femenina cumple con una representación más adecuada en los términos planteados por la prestigiosa politóloga Hanna Pitkin. Ella demostró que además del aspecto formal y de responsabilidad de la representación legalmente ejercida por mandato popular, existen las dimensiones simbólica, sustantiva y descriptiva. Así, las mujeres en cargos de elección simbolizan el ideal de la equidad de género; en términos sustantivos, luchan por mejorar la calidad de vida de las mujeres, por promover políticas públicas inclusivas, etc.; y en términos de representación descriptiva, los congresos con mayor porcentaje femenino reflejan mejor la diversa composición del electorado. Claro está, las cuotas y otras reformas legales no bastan para generar una representación en todas esas dimensiones si no se promueve mayor creación de capacidades de las mujeres y un cambio educativo-cultural de la sociedad. Recientemente UNESCO propuso que al menos el 30% de las fuentes citadas sean mujeres. Pero la verdadera lucha está en el mundo real más que en el de papel: cuando elijamos más mujeres en cargos de decisión, no sólo serán más citadas en las noticias, sino que el mundo será más justo, pacífico y equitativo.
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