Hay dos mitos sobre las mujeres que siempre me han incomodado un poco. El primero es que sufrimos de ataques de histeria, especialmente en cierta época del mes, y, el segundo, que no manejamos vehículos tan bien como los hombres.
El problema con los mitos es que se incorporan como parte del sistema de creencias de una sociedad, se pasan de generación en generación y erradicarlos es a veces imposible.
Recuerdo un libro de consejos de pareja que leí hace años, que me venía gustando mucho hasta que el autor, de nacionalidad mexicana, afirmó que, en el hogar, solo puede haber una cabeza y que debe ser el hombre, pues las mujeres estamos incapacitadas durante varios días al mes para pensar claramente y tomar decisiones. El libro terminó en la basura, en tiras, para asegurarme de que nadie más pudiera leer semejante disparate.
Burla y prepotencia. Me disgusta que algunos hombres –que también pueden tener ataques regulares o irregulares de histeria– se burlan, critican o tratan con cierta prepotencia a las mujeres de su entorno cuando estas explotan o se enojan, diciéndoles acusadoramente: “Histérica, seguro andás con la regla”, con lo cual pretenden invalidar el sentimiento de la mujer.
Es cierto que algunas mujeres sufren de síndrome premenstrual, o están más sensibles durante su período, pero no todas; y, ciertamente, las que lo pasan así de mal cada mes, merecen comprensión y respeto, no condescendencia ni burla. Y me choca más aún cuando las mismas mujeres se escarnecen unas a otras con ese argumento. Además, algunos comerciales de medicinas para el dolor de ovarios refuerzan el mito, y ahora los de una famosa marca de chocolate hacen mofa de la condición de mujer. (Aprovecho para llamar la atención del Inamu al respecto).
Origen emocional. Para la Psicosomática –ciencia que se basa en la relación entre lo fisiológico y lo psicológico–, toda afección o enfermedad es causada por algo de origen emocional. Hasta las palabras con que se definen las cosas tienen un significado emocional. “Histeria”, como vimos, tiene una connotación psicológica bastante peyorativa, pero literalmente significa “útero” en griego; e “histerectomía” es la “extirpación del útero”. Esta cirugía, que puede ser muy traumática para algunas mujeres por el simbolismo que encierra el útero (la posibilidad de engendrar y la creatividad en general), se realiza por diversos motivos, como pueden ser endometriosis, un tumor, cáncer uterino, o sangrado recurrente.
La Psicosomática actual asigna a cada uno de esos males una causa emocional: un hecho que nos sacude enormemente y nos saca de “nuestras casillas” puede transferirse al cuerpo en forma de hemorragia excesiva (la sangre se sale de su sitio); el dolor emocional puede derivar en dolor cervical; un hecho pequeño que nos afecta al punto de convertirse en algo muy grande y estremecedor, puede convertirse en un tumor uterino (que siempre comienza pequeño y crece hasta cierto tamaño), y así hay otros ejemplos.
Trastornos uterinos. Se supone, pues, que los trastornos uterinos son consecuencia de situaciones traumáticas e, incluso, de conductas repetitivas de la mujer por emociones mal encauzadas. Según este argumento, la extirpación del útero, o histerectomía, puede resolver el problema fisiológico (el sangrado, el cáncer, el dolor), pero no por ello se nos irá lo que a tantos les gusta llamar “histeria”, a menos que resolvamos la causa psicológica que la originó.
En el siglo XIX se consideraba la histeria una enfermedad exclusivamente femenina que ponía a las mujeres irritables, les producía migrañas, insomnio y otros síntomas. Casi cualquier mal femenino llegó a ser considerado histeria. Esta supuesta enfermedad dio pie –según he leído, pero me pueden corregir los expertos– para que Freud descubriera la existencia del inconsciente y, al final, diera origen al psicoanálisis (no puedo evitar ver la relación histeria-útero como símbolo de creación-nacimiento del psicoanálisis).
Así, el padre del psicoanálisis llegó a afirmar que lo que se llamaba “histeria femenina” era causado por una experiencia traumática reprimida por el inconsciente, que luego brotaba a través de esos paroxismos. Desde entonces se han construido explicaciones muy interesantes y complejas sobre dichos síntomas y el deseo sexual, el amor y la relación de pareja. Según cuenta la crónica, la invención del vibrador se derivó de la creencia de que la histeria era señal del deseo insatisfecho, el cual fue considerado reprochable en las mujeres durante la previa época victoriana.
Sociedad machista. A principios del siglo XX, en gran parte gracias a Freud, o a pesar de él, pero, sobre todo, gracias al avance en las técnicas de diagnóstico, los casos de “histeria” fueron disminuyendo hasta desaparecer del todo. Pero la palabra y su carga de contenido emocional persisten en el sigo XXI, debido a la transmisión intergeneracional de un mito de la machista sociedad decimonónica.
Así que, mujeres, es hora de liberarse de esa etiqueta tan peyorativa: si nos sentimos irritables, cansadas o sensibles, sea o no por causas hormonales, merecemos consideración. Pero somos nosotras mismas las primeras que debemos dejar de caricaturizar nuestros rasgos femeninos y, además, transmitirles esos valores a nuestras hijas e hijos.
Para terminar, tomo prestadas unas palabras de nuestra poetisa Mía Gallegos: “Soy una mujer y no tengo respuestas; tan solo sé percibir el instante, el instante sagrado, ahí donde el tiempo se sustenta. En esa inmediatez se debaten los instintos, la piel se encumbra, la sangre fluye y aparece la mujer que va hundiéndose, naciéndose”.
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